Hay un estadio fronterizo en nuestra conciencia, entre la vigilia y el sueño. A veces le llamamos somnolencia, otras, profunda relajación. En este primer estadio del sueño, los músculos están todavía activos pero los ojos tienden a moverse cada vez más despacio y en movimientos circulares, cerramos los párpados con más frecuencia y la conciencia va perdiendo poder sobre el pensamiento, que vaga cada vez más lejano a nuestra voluntad, más independiente. La insensibilidad va adueñándose de nuestros cuerpos y parece como si nos envolvieran los miembros en una especie de nube de algodón que nos impide, cada vez más, la percepción de la piel, de los músculos, nos aparta de las sensaciones del cuerpo hasta centrarnos en un pensamiento que se va apagando paulatinamente y que ya no controlamos. La respiración y el pulso también se aquietan.

Este período de transición entre la vigilia y el sueño se llama NREM (no-Rem). Y todo el proceso está producido por la paulatina sincronización y enlentecimiento de las ondas cerebrales. El estadio de vigilia está gobernado por las ondas beta y gamma, relativamente desincronizadas y de una frecuencia alta (entre 12 y 100 Hz.). Conforme las ondas cerebrales van disminuyendo su frecuencia y convirtiéndose en ondas alfa y theta (12- 4 Hz.), se van sincronizando y produciendo esos efectos mentales, la limitación de la percepción corporal y el abandono paulatino de la voluntad y la conciencia.

No es posible definir con seguridad un punto de inflexión entre vigilia y sueño, por lo que todo este proceso es considerado por la ciencia como un estadio independiente de los cuatro en que dividimos el sueño.

El ser humano ha intentado provocar artificialmente el desencadenamiento de este proceso mediante combinados químicos más o menos naturales, con muchos efectos secundarios. Pero los últimos avances tecnológicos tratan de afectar directamente a las ondas cerebrales, provocando su disminución de energía y sincronización desde el exterior. El control de las ondas cerebrales mediante campos energéticos externos aporta muchas esperanzas para las terapias de trastornos del sueño.